El blog de El Gato Nutria

El blog de la cuadrilla

Y es que… nos hacemos viejunos…

Posted by dorianze en 17 mayo, 2008

Ayer volvía de hacer las compras montado detrás de la moto de Estef. De pronto, me empezaron a dar unas punzadas de la leche en el lado dereco del torax, como debajo del peso, y no podía respirar. En realidad, las punzadas me daban cuando hinchaba los pulmones para respirar. Como alguna vez ya me había pasado algo parecido y se me ha pasado en pocos segundos, pues no le di importancia, asi que seguíamos en la moto y yo no decía nada. Pero aquello cada vez me dolía más. Asi que ya le digo a Estef y paramos la moto. A lo que me bajo y me siento ahí en la calle en un escalón, doblado sobre mí mismo, esperando a  ver si se me pasaba. Y era raro, porque cada vez podía hinchar menos los pulmones al respirar y estando doblado no me dolía tanto, pero si me erguía, era como si tuvietra enganchado un ligamento o algo. Pasan unos minutos, y nada, que sigo peor. Asi que como estabamos al lado del CAP (es como se llaman en Catalunya los Ambulatorios), entramos. Nada, yo me senté allí porque cada vez podía respirar peor, ya estaba bastante acojonado, y me empazaba a marear un poco. En nada de tiempo nos dan paso de urgencia a una de las consultas. Entramos y allí malamente le explico al médico pues eso, que no podía respirar, que me daban punzadas al hinchar el pulmón derecho, y que me dolía mucho enderezarme. Asi que nada, me quito la camiseta y me ausculta. Y entonces empieza la fiesta gitana. Primero me ausculta él. Luego, llama a otra doctora, y le cuenta “que soy un caso de neumotórax”, y que escuche, que escuche para que vea como es un cuadro médico de eso. Ésta me pone en el dedo un cacharro que imagino que medía los latidos del corazón y en función del ritmo, pues veían si éste se embalaba o no por falta de aire. A estas alturas yo poco a poco estaba mejor, ya no me pinchaba tanto, y me podía enderezar. Llama a una tercera doctora, para lo mismo, “para que vea, que vea”. Claro, ya ya estaba mejor, pero ahora estaba aún más acojonado. Entonces me dice el tío que es que mi pulmón derecho se había quedado comprimido, como pegado, y que no se hinchaba, que por eso me dolía y no podía respirar. Continua diciendome que normalmente no se retorna el funcionamiento de forma autónoma como me había pasado, y que tuviera en cuenta que por ejemplo a la gente que sufre de esta neumopatía no le dan el carnet de conducir. Palabras conciliadoras en aquel momento las del médico, como os podreis imaginar. Asi que nada, pasé dce que me doliera el pulmón, a tener una crisis de disgusto. Joder, y miraba a Estef, miraba al médico, y se me empazaban a saltar las lágrimas. Y nada, que le digo que qué tenía que hacer. Y me dice que de cabeza a urgencias, a que me hagan pruebas, que ahora lo que había que saber era por qué una persona de mi edad había desarrollado eso. Cojonudo. Nos levantamos, nos vamos, y yo llorando por el ambulatorio como un gilipoyas del disgusto tan grande que me había entrado. Es que de pronto me veía con 28 años, con un pulmón jodido. Y claro, el médico decía que estuviera tranquilo, que como tenía dos, aunque me pusiera nervioso y tal, ahogarme no me ahogaba. Qué guay, porque en ese momento yo lo único en lo que podía pensar era que igual un día el pulmón sano también me fallaba y me moría agonicamente afixiado. Bueno no sé, cosas terribles que asaltaban mi mente en ese momento.

    Asi que nos vamos a urgencias. Por lo menos era el Hospital del Mar, que está al lado de la playa de Barceloneta, y yo siempre había pensado que si algún día me tenían que ingresar en un hospital, que quería que fuera ese porque así podría dar paseos por la playa y ver el mar. Pero ni mar ni mierdas, una sala de urgencias asquerosa como las de todos los sitios. Bueno, en realidad primero otra doctora a la que le tengo que volver a contar la historia, y luego la pulserita de marras, y ya sí, la sala de espera. Nos sentamos ahí a esperar y apenas había abierto el libro, que me mandan pasar para que me haga una radiografías (bueno, para que me las hagan ellos). Asi que dejo el libro en la silla y entro solo junto con otro chico que se ve que iba a los mismo que yo. Un enfermero joven, muy muy delgado, con pendientes y barbita como descuidad, ojeras, pálido y con cara de yonki nos guía por laberintos de pasillos hasta que llegamos a un corredor con nueve puertas, cada una para una sala de rayos. Y pasa el tiempo… y el tiempo… y dos viejas que había allí hablan de sus maridos muertos con una chica que había ido porque su bebe se había caído de cabeza. Y hablan también del colesterol, y de la grasa, y de sus maridos muertos, que debían de estar muertos, aunque no tenían colesterol. Diez minutos después un enferemero les dice a las viejas que no se enteran, que ya se podían haber ido, y ellas se van. Y nadie nos atiende, pero por una ventana veo que un patio detrás nuestro está lleno de personal sanitario fumando. Y pienso en cómo vive un médico esto de fumar. Porque un mecánico puede hacer animaladas con su coche y luego arreglarlo, pero un médico no puede hacer lo mismo con su cuerpo. Y me acuerdo de mi libro, en la silla, en la sala de espera, y pienso en que me lo tenía que haber traído. Veo que los del patio que fumaban se van. Atienden a la chica. Luego sale, y la auxiliar y la chica empiezan a hablar de que ese era un buen curro, que solo había que estudiar un añito para ser auxiliar y que era fácil entrar en prácticas. La auxiliar dice que ella siempre había sido muy vaga, y que todo es muy fácil. Y yo no puedo mas que pensar que tipo de inútil me iba a atender, y por qué no deja de hablar d euna vez y me dicen que entre.Se va la chica con el bebe. Pasa una eternidad, más o menos, y oigo que me llaman a lo lejos, desde la vuelta del pasillo. Me levanto, se abre otra puerta delante de mi, y llaman al otro chico. No me dicen nada a mí. Luego ya me llaman a mi. Paso dos puertas con carteles de advertencia por radioactividad y me hacen esperar en la sala donde está el aparato de rayos X. Desde allí veo su sala de control central, veo al otro chico al fondo, que se llama Alberto, en otra sala. En una pantalla de la sala de control veo sus pulmones y su corazón. Le dicen que respire fuerte. Click.Que espire, ¿O es expire? No sé, no le dicen que se muera, sino que vacíe los pulmones. Que se ponga de lado. Lo mismo. Click. El hombre me dice que me ponga en el punto d emira de la máquina, además tal cual. Y lo mismo. Respiro. Click. Suelto el aire. De lado. Respiro. Click. “Ya puedes salir”.

     Ahí está ya Alberto. De nuevo el enfermero yonki nos guía todo del revés hasta la sala de espera. Yo intento no mirar mucho alrededor porque no quiero ver ninguna de las cosas que uno puede ver en un ala de urgencias de un hospital. Cuando llego a la sala, Estef ya se ha acabado su revista. De hecho hay mucha más gente en la sala. Yo pensaba que ya en breves me llamarían, me dirían que no tenía nada, y puerta. Aun así, me seguía doliendo el costillar derecho. Pasa un montón de tiempo, mucho. Yo leo mi libro y Estef no lee nada. Coge un periodico para hacer sudokus. Pero no había sudokus en ese periódico. Hay ancianos en la sala de espera que se quejan, y que intentan que les hagan caso antes que a los demás, supongo que en el fondo tienen más prisa porque les queda menos tiempo. Una pareja de moros con una niña muy graciosa de dos años dan la nota. La enferma la madre. La niña muy salada y dicharachera, es la gracia de la sala. El marido es grande y fuerte, pero tiene una gran barriga redonda, igualita a la de una embarazada. Ellos se sientan en la fila de sillas de la pared enfrentada a la nuestra. La niña juega con la puerta de cristal, grande, de entrada que está en su misma pared, frente a nostros. La niña abre la puerta, rodea con su manita el borde de la puerta y empuja la puerta. La puerta avanza para cerrarse y la niña con ella, su manita agarrada en el borde. Se va a pillar la mano. Cruzo la sala a la carrera e intento parar la puerta. Me parece que digo en alto que la niña se va a pillar las manos. No se si me entienden, pero los padres se levantan a toda la leche. Yo llego el primero, pero el suelo resbala y no puedo parar tan en seco como quiero. Al menos puedo empujar la puerta a tiempo, la niña rebota y pierde el equilibrio, cae de culo y se pone a llorar fuerte. Da la sensación de que e spor mi culpa, pero al menos no se ha pillado los dedos. Cogen a la niña y la entran en la sala. La mujer grita, empuja fuerte al marido. Se sientan. Ella le mete dos bofetones. Nadie dice nada. Él levanta la mano. Se oye un murmullo en la sala. Yo pienso que la gente es gilipoyas, y que la que tiene la mano larga es ella, y que con las hostias que le ha metido al tío, una hostia ya se merece. Pienso también que si la niña casi se pilla los dedos es culpa de los dos, no de él. Pero toda la sala cree que es culpa de él. Estef opina que ella es la enferma al fin y al cabo. Yo sigo pensando que ella tiene la mano muy larga y que ahí el único que se ha comido las hostias al fin y al cabo es el tío. Que las mujeres pueden pegar a los hombres en público, y que en la sociedad efectivamente, no hay igualdad. Nadie tendría que pegar a nadie. Y sí vigilar más lo que hacen sus hijos.

     A Alberto, el otro chico, le llamaron enseguida cuando salimos. Ha vuelto y por la tirita y como se aprieta, parece que le han hecho un análisis. Debe estar más jodido que yo. Lo mío no debe ser grave, por eso tradan tanto en atenderme. Mejor. Estef opina que sencillamente nos han asignado el mismo médico, que no puede atendernos a la vez. A mí no me importaría que nos atendieran a la vez, al menos estaría más entrenido que aquí, en la sala de espera.

     Pasa un montón de tiempo. Pienso en llamar al trabajo, porque entro a las diez de la noche a trabajar, son casi las cuatro, no me han atendido, no sé lo que tengo, y no he pegado ojo aún. Salgo y llamo al trabajo. No coge nadie asi que tengo que hablar directamente con el Jefe de Planta. Le digo que veo que ya son casi las cuatro, que no sé lo que tengo aún, y que tampoco he podido pegar ojo. Que no sé cuanto van a tardar en atenderme, que me ha fallado un pulmón. Que siento avisar a esas horas, pero que mejor vayan organizandolo porque no voy a poder ir a trabajar esa noche. Me dice que no pasa nada, que ya lo arreglaran. Ultimamente estoy faltando al trabajo por cosas de médicos, pienso. No es mi culpa, pero es lo que hay, y me da rabia porque este mes es la evaluación, y a ver si va a afectar. Además, no me gusta faltar al trabajo, y menos joder a los compañeros haciendo que se coman turnos de mierda como el de noche. Al menos el que me sustituya ganará 300 euros.

     Seguimos esperando y tenemos mucho hambre. Estef va a buscar algo de comer. Yo solo espero que no me llamen antes de que vuelva, porque va a ser un lío recoger mis cosas y las suyas, bolsos, chaquetas, cascos de moto. Pero vuelve. Trae una bolsa de patatas, dice que era lo más apatitoso que había. Comemos patatas y yo miro a Alberto. Él ha venido solo, y sgeuro que también tiene un montón de hambre, pero no tiene a nadie que le traiga patatas. Además se ve le ve preocupado. Pienso en decirle si quiere que le traigamos patatas. Pero al final no le digo nada. No sé por qué, porque me parece buena idea, pero no le digo nada. A veces no sé por qué la gente no se ayuda.

     Por fin me llaman a mi. Estef quería entrar conmigo, me había dicho antes. Pero entro yo solo, prefiero así. La medico que me atiende es muy joven, yo creo que de mi edad o menos, sgeuro que está de prácticas. Dicen que a los médicos en prácticas siempre los meten en urgencias. No sé si será verdad, pero ella es muy joven. Me da igual, mejor, así no tiene vicios de diagnóstico, aún no estará quemada por el trabajo, y traerña fresca toda la teoría.

     Me dice como si me diera una mala noticia que no tengo neumotórax, ni soplos ni nada malo, que mi pulmón está perfecto. Una contractura, eso había sido. Me había dado una contractura en los musculos intercostales, y se habían contraído, y por eso me dolía tanto y me costaba hinchar el pulmón. Le digo que me alegro mucho, que había pasado mucho disgusto. Me hace las típicas preguntas sobre lo que bebes y te metes, y le doy las típicas respuestas sobre lo que bebo y me meto. Me hace un parte y me receta Paracetamol. Me lo va a recetar en sobres. No digo nada. Me dice que los sobres saben mal, que me lo va a mirar para darmelo en pastillas. Que todo viene en sobres. Me dice que es que le salen muchas marcas, que casi todas en sobres. Sonríe mucho. Me dice que ya ha encontrado una en pastillas. Le digo que mejor, aunque en realidad me da igual. Le digo que no entiendo por qué siempre los sobres saben tan mal, aunque no sé por qué le he dicho ésto si en realidad me da igual. Además, pienso que sí que debe ser nueva, que un médico que ya lleva tiempo no comparte estas cosas con sus pacientes. Me planteo pedirle la baja. Pero no, que el primer día de baja no me lo pagan y perdería una pasta, mejor gastaré horas y ya está. También me planteo llamar al trabajo y decirles que no es grave, que voy. Pero son casi las cinco, llevamos tres horas ahí, y no he dormido, no puedo ir al curro sin haber dormido. Además, tengo una contractura después de todo, asi que mejor descansar.

    Aun así, llegamos a casa y yo llamo al trabajo. Le digo a mi jefe que no tengo nada grave, que si quiere, puedo ir a currar sobre las tres de la mañana, después de haber dormido. Me dice que hay mucho curro esa noche, que no me preocupe, que en planta se va a quedar hasta el apuntador.

     Llamo a mi madre y a mi hermano Tristán para decirles que no tengo nada, solo un médico en el CAP que se gasta unos sustos que te cagas. La verdad es que creo que ando más asustado ahora que sé que no tengo nada que antes cuando no sabía si tenía algo.

     Al menos estoy bien, solo un poco de dolor muscular, pero nada malo. Y me alegro. Y super bien Estef, se ha portado genial. Y en mente, la única idea de que nos hacemos viejos, rápido. Qué mierda.    

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2 comentarios to “Y es que… nos hacemos viejunos…”

  1. lorddrakon said

    Jo macho… menudo dia de batallitas… despues del dia de susto con Gaizka Antuñano ( imagino que ya te contare pq tp es ningun secreto pero no es nad ade ocntar por aqui ), nos vamos a casa de Alejo a echar un kino y olvidar las penas ( muchas risas por cierto…) y cuando vamos a coger el coche ( su pedazo de BMW para matizar ams ;P ) ha desaparecido ( “afortunadamente” se lo habia llevado la grua por aparcarlo mal ). Y ahora que llego a casa medio pedo y mosqueado pq queria salir de fiesta y se ha rajado todo el mundo ( hasta el jodido niño aleman que decia que queria salir de fiesta destroyer ) me encuentro con tu historia.
    Al menos me alegro de que no haya sido nada y apesar de pasar un ratito de tension al final no haya sido mas que eso, un susto y cosas de la edad.
    Lo cierto es que esto del paso del tiempo da asco… al menos tu tienes alguien que se quedo contigo hasta el final y seguro que se preocupo muchisimo… definitivamente el paso del tiempo da asco y algunos apesar de todo sois unos cabrones afortunados ;P

  2. malkiah said

    Bueno tío, yo sin más decirte que me alegra que estés bien… la verdad es que sí, que los achaques se van notando, a pesar de que aún seamos jóvenes, según los estándares actuales… la contractura de la que hablas también la he sufrido yo, estando sólo en casa alguna vez. Por suerte se me pasó rápido, y no me asusté mucho, pero la sensación de “si me pongo recto igual me desmayo del dolor” la recuerdo bien… pero vamos, que con 27 / 28 añitos que tenemos, en esta cuadrilla tenemos anécdotas médicas que contar, yo creo que casi todos (y me alegro que, en el fondo, más o menos graves, sean anécdotas y podamos contarlas, que en otras cuadrillas no tienen tanta suerte).

    Rodillas jodidas, nervios ciáticos desplazados, hombros que se salen, fracturas abiertas, desagradables exploraciones “del interior del cuerpo”, depresiones (leves) con medicación, contracturas horribles en diversas partes del cuerpo (tórax, espalda y otros) y algún que otro susto causado por el alcohol, entre otras cosas… cada uno sabe cuáles de estas cosas son las suyas, y habrá más que yo no sé, no recuerdo, o no quiero poner aquí… la verdad, si hay más, no me importa, mientras algún día podamos reírnos y comentarlas como anécdotas sentados en un irlandés con unas cervezas de trigo fresquitas entre las manos. Es ley de vida… hay veces que se os olvida que sois humanos (yo hoy creo que soy un reptil-gusano), y que es lo que toca 😉

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